miércoles, 20 de febrero de 2013

Mi historia de Zombies en Granada (1ª parte)

-Maya... Maya... Despierta cariño...- La voz dulce y amable de mi novio me despertó. Me estiré en la cama dura del refugio aún con los ojos cerrados mientras él seguía hablándome.- Tenemos que salir a por las katanas y vamos con retraso en el plan.

Hay que darse prisa. Me senté en la cama y miré el cutre reloj digital de mesa que había a mi izquierda. Las cinco y diecisiete de la madrugada.<< Puf, me he quedado dormida más de quince minutos... ¡mierda!>>.

Salté hacía un sofá negro en el que tenia mi ropa y comencé a desnudarme para cambiarme. Ángel se había sentado en mi cama pasa atarse los cordones de sus botas militares. Iban a juego con el traje que le habían dado al llegar aqui, hace apenas dos semanas. El típico de camuflaje con botas negras. Yo me puse el segundo traje que nos dieron, el negro. Me quedaba bastante ajustado, pero me encantaba.<<¿Cuánto tiempo llevarían fabricando trajes militares para niños?>>. Me imaginaba que uno o dos años.

 -Lista-dije frente a Ángel.
-Listo-dijo él levantándose y poniéndose delante de mí. Nos sonreímos y nos dimos un beso suave y fugaz.

No había tiempo para arrumacos cariñosos. Salimos de la habitación cogidos de la mano y atravesamos el pasillo. Las puertas de las habitaciones estaban abiertas y se podían ver adolescentes con rostros demacrados, o al menos los que estaban despiertos. Los que, en cambio, reposaban en sus camas se ocultaban con las gruesas mantas grises. Eso era otra cosa triste: no había colores en el refugio, solo gris, negro y blanco.

 Observaba las habitaciones mientras caminábamos recto, y después de unos cuantos giros llegamos a un ascensor. Nos detuvimos frente a él pulsó el botón.

 -¿En que piensas?-dijo Ángel rompiendo el odioso silencio que se formaba a menudo desde hacía poco.
-Pues... En por qué los militares de aqui abajo visten como... como tú -le miré de arriba abajo. Luego me topé con su mirada dubitativa.
- ¿De qué os puede servir la ropa de camuflaje en un entorno de colores como el gris o el negro?Lo entendería si estuvieramos en un bosque, por ejemplo, pero... Soltó una carcajada interrumpiendo mi estúpido discurso y yo le miré sorprendida.
-¿Por qué piensas en eso?-dio intentando aguantar la risa. -Pues porque es mejor que pensar en otras cosas...-agaché la cabeza y miré al suelo.                                                                                              


                                                                                                                       >>Continuará...

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